Tecnología

La impresora 3D se instala en el quirófano

La creación de prótesis a medida para pacientes específicos y con circunstancias especiales se ha asentado como una herramienta más en el ámbito médico. Entre las ventajas, el diseño personalizado, la utilización más eficiente del proceso de intervención y un menor tiempo de atención hospitalaria tras la operación.

La impresión 3D se utiliza para fabricar prótesis, implantes y tejidos para usos ortopédicos, dentales, craneales y maxilofaciales. A su favor cuenta con el avance tecnológico, que mejora y abarata la producción de órganos y los apoyos de algunos Gobiernos. En contra, las regulaciones restrictivas y las limitaciones de los materiales disponibles. Estados Unidos y Europa lideran la aplicación de estas herramientas.

Pedro Martínez Seijas (León, 1968), especialista en cirugía oral y maxilofacial y biomedicina en el hospital Clínico Universitario de Santiago, va a cumplir casi dos décadas creando “obras de arte”, como definió un paciente su trabajo. Su principal motivación es dar a los enfermos una calidad de vida que, sin esta tecnología, muchos no podrían disfrutar.

El doctor es entusiasta con las posibilidades de la impresión 3D como herramienta para llevar a cabo implantes personalizados, pero advierte que solo es aplicable a casos concretos y complejos así como en circunstancias específicas. “Es como comprar ropa en una tienda o ir a un sastre. A la mayoría le va bien la primera opción, pero a veces es necesario un traje a medida”, simplifica para explicar el uso de esta tecnología.

Es un trabajo multidisciplinar. “Comienza con un escáner del órgano a intervenir y se crea un modelo con materiales biocompatibles en colaboración con los ingenieros. Hay que combinar innovación, gestión, ingeniería, biomedicina y el factor fundamental: el paciente y la mejora de su calidad de vida. El cirujano es como un director de orquesta”, comenta.

Por ahora, aunque advierte que es una tecnología que ha llegado para quedarse en el ámbito médico, no se puede generalizar. “Decir lo contrario solo frustraría expectativas. Sólo es recomendable cuando los sistemas estandarizados no ofrecen soluciones”, admite.

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