Un estudio realizado con 487 universitarios de la provincia china de Henan encontró una asociación entre el uso automático de herramientas de inteligencia artificial generativa y una menor capacidad para dirigir el propio aprendizaje. La investigación analizó qué ocurre cuando los estudiantes aceptan respuestas, explicaciones o ideas producidas por estos sistemas sin comprobarlas, cuestionarlas ni comprenderlas a fondo.
Los resultados relacionan ese uso irreflexivo con niveles más bajos de autoeficacia y motivación, dos factores que influyen en la disposición para iniciar, organizar y evaluar el aprendizaje de manera independiente. Las autoras observaron además una cadena estadística en la que una menor confianza en las capacidades propias se vincula con menos ganas de aprender y, finalmente, con una reducción del aprendizaje autodirigido.
El trabajo no demuestra que la inteligencia artificial cause por sí misma un deterioro educativo, ya que los datos son transversales y proceden de una muestra geográfica limitada. Su conclusión práctica es que las universidades deben enseñar a evaluar críticamente las respuestas generadas por IA y diseñar actividades donde la tecnología apoye la exploración sin sustituir el análisis, la reflexión ni la resolución personal de problemas.













